Alimentación infantil. Entrevista a Mapi Herrero.

por Bihotz Mujeres en Onda

Alimentación infantil. Entrevista a Mapi Herrero

Hoy entrevistamos a Mapi Herrero (nutricionista e IBCLC) en Bihotz Mujeres en onda en Radio Onda Aragonesa para hablar de alimentación infantil.

Quiero empezar a hablar de la evolución, porque parece que hay que echar la vista atrás y ver el momento en el que estamos ahora, y la evolución de la alimentación infantil es bastante “gore”. Cuéntanos tú, Mapi:

Sí, porque si miramos unos años atrás (tampoco hay que remontarse mucho más) las recomendaciones que se les hacían a las mamás en las consultas de pediatría y el acceso a “productos infantiles” que teníamos en el mercado, ha cambiado drásticamente. Casi no había oferta de dulces, de alimentos dirigidos a la población infantil, estaba mucho más restringido. Cuando mis padres hablan de “todos los niños hemos comido dulce”, dices “sí”, pero no había la amplia oferta que tenemos ahora.

Hemos pasado de iniciar muy pronto la alimentación complementaria (por ejemplo, empezar con 3-4 meses en que los pediatras ya estaban recomendando dar comida a los bebés), a pasar al otro extremo, a decir que empezamos alimentación complementaria a los 6 meses y casi a decir que todo vale, de la teta al plato, que trocitos y no hay calendario de introducción en alimentos… Pero tenemos muchísima oferta y las familias no tienen formación en alimentación, mucho menos en alimentación infantil, así que hemos dejado la manga super ancha y a las familias muy pérdidas.

Ese cambio que se ha producido en el consumo de “productos infantiles” (cuya composición no es la ideal como nos podemos imaginar) ha hecho que cambie mucho el escenario de cómo comen nuestros peques.

Has dicho algo que es determinante: “las familias no tienen formación”. Hace unos días en el anterior programa hablábamos de que, si las familias necesitamos formarnos en crianza y parece que ahora necesitamos formarnos en todo porque no sabemos de nada.

Yo pondría entre paréntesis esto porque a nadie le han enseñado a ser padres y la humanidad sigue estando aquí.

¿Cuál es el problema que yo veo?

Es que a día de hoy tenemos todavía más locura, porque tenemos muchísima información y la tenemos en la palma de la mano. Da igual lo que busques, Si buscas alimentación infantil te van a salir cursos, coach, dietistas, nutricionistas, asesoras, etc., hay muchísimo donde buscar y tienes mucha información, pero para gestionar esa información también hay que saber con qué te quedas.

Al final el sentir de muchas familias es de “tormenta mental”, es “vale, le puedo dar de todo, pero hay muchas cosas que no se le pueden dar antes de los dos años. ¿Esto mejor que no lo pruebe?, ¿entonces que hago?, ¿se lo prohíbo o no? Porque si se lo prohíbo le estoy generando más deseo, entonces si no se lo prohíbo, pero no se lo puedo dar, entonces tampoco se lo ofrezco. Yo cuando coma…”. ¡Andan locos!

Aquí hay un tema que me apasiona que es el “marketing”. El “no puedes darle azúcar”. Vale, voy a lo que pone “sin azúcar”, “sin azúcares añadidos”. Resulta que cuando sabes un poco interpretar las etiquetas te das cuenta de que si lleva algún edulcorante…

Claro. La ley que dice lo que puedes poner en una etiqueta es muy laxa, no es una “cuerda”, es como una goma que se puede estirar mucho y en muchas direcciones. Ese “vacío legal” de “sin azúcares añadidos” es verdad que puede que no le esté añadiendo azúcar libre (“azúcar de azucarero” para entendernos), pero puedo estar añadiendo otras cosas que cuando entran en el organismo de ese peque sí que liberan azúcares, o puedo estar añadiendo edulcorantes que modifican el sabor para que sea dulce. Entonces no es azúcar.

Lo que buscamos cuando decimos que los peques no coman con tanta azúcar no solamente es un tema nutricional. Muchas mujeres te dicen: “pero si un niño que come azúcar lo quema todo… si está todo el día moviéndose…”, y es cierto que se mueven mucho y que necesitan mucha más energía, pero el azúcar no les aporta ningún nutriente, no les aporta nada interesante para su organismo.

Hay otra cosa que para mí es lo malo de iniciar una alimentación con sabores “artificiales” cuando son muy pequeños. Los niños cuando empiezan la alimentación complementaria hasta los 3-4 años, están educando su paladar a: que me gusta y que no me gusta. La fruta es muy dulce (tiene azúcares naturalmente presentes) y siempre son saludables, si el único dulce que prueba es la fruta, le va a gustar porque nacemos con una predisposición innata a que nos gusten las cosas dulces, esto es así, a todo el mundo le gusta el dulce.

¿Qué pasa si yo en lugar de fruta le ofrezco bebidas con base de fruta, pero con edulcorantes? ¿O si en casa se consumen refrescos, bollería, etc. y empiezan a probarlo todo? Esa tolerancia a los dulces va a estar muy alta, entonces, cuando yo le ofrezca fruta me va a decir que no le sabe a nada, me va a decir que “para ti”, “esto no está rico”, “no me gusta…”, y sus preferencias y gustos cambian.

Los niños que comen más productos con “sabores artificiales” les gustan menos los sabores naturales, porque están más atenuados, necesitan estimular ese paladar.

No sé si es así y para eso tú mejor que nadie, ¿nos crean dependencia?

La “dependencia a los dulces” no está del todo clara. Es verdad que durante mucho tiempo se ha dicho que el azúcar genera “adicción”, pero hay muchas cosas en torno a la alimentación y las emociones que influyen en esto que llamamos “dependencia” o “adicción”.

El azúcar o los alimentos que tienen una combinación específica de grasas y azúcares, sí que es verdad que le dan un “chute” al cerebro de bienestar. Este tipo de productos nos hacen sentir bien, nos relajan. De hecho, hay muchas personas adultas (empezamos a ver a algunos niños que también les pasa) que apagan las emociones con este tipo de productos, pero lo que nos genera esa “adicción” no es exactamente el azúcar, que es verdad que hubo mucho tiempo que hemos estado diciendo que sí que engancha, pero no es una droga como tal. Lo que nos engancha es lo que nos provoca, pero no es el alimento en sí.

Yo siempre les digo a las mamás que no existen alimentos que estén a la venta destinados al público infantil. No son “tóxicos”. Lo que podemos hacer es un uso bueno o malo de ese alimento, es decir, si yo le doy el dulce al niño para premiarlo lo que voy a generar es que cuando él se sienta mal, busque el dulce para sentirse bien.

Están todos los temas ligados, al final acabas entrando en el tipo de crianza. Hace poco oí una charla en la que hablaban de los premios y los castigos. Si tú estás premiando el esfuerzo no necesitas dar un premio, encima cuando das un premio con algo que no se debe comer dices: “¿qué estás premiando?”.

Hemos empezado hablando del azúcar porque quizás en el tema de la historia parece que todo ha venido en base a azúcar (potitos con azúcar, leche de fórmula con azúcar…”). ¿Basamos todo en el azúcar?

Todo lo que va dirigido a niños (el marketing del que hablábamos antes) yo casi te diría que sí, porque todavía no conozco ningún producto destinado a niños que reproduzca el sabor, por ejemplo, del pescado, de la verdura o de cosas que queremos fomentar el consumo en los peques. Siempre se tiran a cosas que saben que les van a gustar. Yo como industria alimentaria no me arriesgaría a diseñar una línea de productos que después se las de aprobar a los niños y me digan que no les gusta. Esto no existe.

¿De qué forma garantizamos que a la población infantil algo les guste?

Lo hemos dicho al principio, nacemos con una predisposición innata al sabor dulce. Si hago algo dulce, 100% seguro que les va a gustar. Voy a tener una pequeña proporción de niños que van a decir que “es demasiado dulce”, pero si lo van consumiendo al final se van a acostumbrar a ese sabor.

En el caso de las leches de fórmula, es verdad que hay una legislación y tienen que cumplir una serie de criterios mínimos, es decir, tienen que ser seguras y tienen que ser suficientes para cubrir las necesidades de los recién nacidos. La leche de fórmula nos la han vendido durante muchos años como la “liberación de la mujer”: “yo decido que no doy teta y que doy biberón, pues porque soy más libre, la puedo dar incluso cuando quiera…”.

Yo como IBCLC siempre digo que respeto 100% y que cada madre igual que elige cuando tiene hijos y cómo los va a criar, a que colegio los va a llevar, etc., decide su lactancia, yo ahí no tengo nada que decir, pero creo que tenemos un poco de “engaño” con esto, porque la leche de fórmula en realidad es un “medicamento” que se creó para peques que no tenían acceso a la teta de una madre, ni siquiera de una mujer que estuviese a su disposición para amamantarlos, aunque no fuese su madre. Como este uso la leche de fórmula es fantástico porque ha garantizado la supervivencia de muchos niños que de otra forma hubiesen muerto. Lo que pasa es que nos la han vendido como “te libera como mujer”, incluso hay veces que las vemos que no defienden la independencia de la mujer, como que vuelves a ese patrón de “mujer al cuidado de los hijos”. ¡Ostras! Pero no perdamos de vista que somos mamíferos.

Esa lectura cuesta un montón a nivel de los que nos han metido en la cabeza, que tenemos que luchar por seguir creciendo laboralmente, pero a la vez tenemos que criar, a la vez debemos tener a una edad hijos, a la vez… y dices: “¡a la vez no se puede hacer todo!”

Y en la lactancia sólo hay una cosa a la vez que es bebé-teta.

También nos han vendido que la lactancia es un bebé que toma el pecho cada 3 horas y luego duerme 3 horas, y que tú puedes hacer tu vida, puedes desarrollarte profesionalmente, te puedes incorporar al trabajo antes de que acabe la lactancia materna exclusiva… Esto es irreal. Por eso las mujeres tenemos tantos problemas para mantener la lactancia.

Yo cuando hago las presentaciones sobre la lactancia materna siempre empiezo con la misma frase: “es la única función fisiológica que nos genera dudas”.

Cuando veo a las embarazadas en la consulta y les pregunto: ¿la lactancia como te la has planteado? La respuesta siempre es la misma: “daré el pecho si puedo”. No nos plantemos caminaré si puedo, beberé agua si puedo, haré la digestión si puedo, lloraré si puedo… ¡No! Son funciones básicas, son funciones fisiológicas que todos asumimos que podemos hacer. Nuestro cuerpo está preparado para ello, la lactancia es una más.

Lo que pasa es que nuestra expectativa sobre la lactancia frente a la realidad es una “bofetada” con la mano abierta a esa madre, mujer, esposa, madre del otro hijo, trabajadora, debes tener vida con tus amigas…

Cuando estamos al inicio de la lactancia la crianza es estar 100%, tu cuerpo está a disposición de tu hijo. Y a mí me parece muy lícito que una mujer decida que no es para ella, “que yo quiero tener mi independencia, me quiero volver a incorporar al trabajo, quiero salir con mis amigas y que quiero disfrutar de la vida”, pero estamos asumiendo una serie de “riesgos” cuando dejamos la lactancia y pasamos a eso que nos han vendido como “opción al mismo nivel”. Estamos asumiendo una serie de riesgos sobre todo para el bebé, porque hay más infecciones gastrointestinales, tenemos más riesgo de Enterocolitis necrotizante que es una enfermedad que puede llevar a la muerte al recién nacido… Hay más problemas metabólicos asociados a esa leche de fórmula que como decía al principio, está muy bien cuando no tenemos otro recurso, está muy bien para la mamá que la quiera utilizar como alternativa, pero estamos perdiendo de vista nuestra biología como seres.

Al final hay tanta presión social ante esto que siempre ha estado la lucha de “hay que dar la teta porque sí”. Es bastante complejo. Si encima le sumamos cuando le llevas al pediatra y entras en los percentiles…Todas las familias no, pero muchas familias han sufrido los temibles percentiles. ¿Qué son los percentiles? A mi personalmente me ha pasado: “está un percentil 100”. ¿Qué pasa?, ¿qué hago?, ¿la pongo a dieta?

¿Qué hacemos con esos percentiles?

Pues con los percentiles yo lo que hago es explicar lo que son.

Es una tabla en la que tú pones a tu hijo en comparación con una población infantil y ya está. Cuando una mamá me dice: “es que me ha dicho el pediatra que está en un percentil 15”. Del 90 al 10 están dentro de la tabla. Si lo comparamos con la clase, por ejemplo, los niños que están en percentiles más bajos son los que son más “bajitos”, más “delgaditos”, hay otros que están más “altos”, pero al final cuando llegamos a la vida adulta (salvo patrones de crecimiento alterados o problemas de salud) más o menos todos nos igualamos. Los adultos ya no nos medimos por percentiles.

¿Dónde está el problema de los percentiles?

En la evolución, es decir, si mi hijo nace con un percentil 10 y todo su desarrollo va punteando en la línea del percentil 10, está perfecto, está en su percentil que dentro de la población es un percentil bajo o de peso o de altura.

¿Qué es lo que tenemos que vigilar?

Que no tengamos saltos, que no estemos en un percentil 10 y de repente saltamos a un 90 o al revés, que estemos en un percentil 90 y que de repente empiece a bajar o a estancar porque quiere decir que se está estancando la ganancia de peso o el crecimiento, y ahí sí que hay un problema, pero el número del percentil no nos dice absolutamente nada.

Igual es la lectura que hacemos como sociedad, porque esto nos lleva a: “está en un percentil 4. Necesita comer más, necesitas aportarle más, necesitas suplementar, necesitas darle…” Si está en un percentil 4 ¿por qué tenemos que buscar un niño gordo? Parece que los niños que no tienen esas “rollizas” que decimos que son como “comestibles” están mal, pero sin embargo los adultos tenemos que ser flacos, ¿entonces…?

Incluso los niños. Afortunadamente en el caso de la comunidad de Aragón, prácticamente no tenemos casos de desnutrición, salvo casos anecdóticos que pueden ser por patologías infantiles o por circunstancias familiares muy concretas.

Nuestro gran problema con los peques es el otro extremo, son peques que tienen una mala relación con la comida o comen de forma poco saludable, y por ahí se nos van al extremo de “están empezando a ganar mucho peso”. Un niño que tiene sobrepeso o que tiene obesidad es víctima de bullying, está viviendo todo el estigma que engloba ese niño obeso que ya no es por su salud física que puede estar muy bien (puede ser un niño “fuertote” y estar perfecto de salud), pero a nivel emocional ya le está cargando con muchas consecuencias.

Mientras la madre da teta tenemos el problema de “¿y si el niño no engorda lo suficiente?”. Es verdad que la formación en lactancia (salvo que hagas asesora de lactancia o IBCLC) de muchos profesionales sanitarios (afortunadamente va cambiando) es muy light, a la mínima que haya un problema te dicen “pásate al biberón”, pero tiene todo el sentido del mundo porque tú piensa que yo soy sanitaria y salí de la carrera con esa “mentalidad sanitaria de control”. Si tu das un biberón sabes exactamente los nutrientes, calorías y la cantidad de alimento que estás aportando a ese bebé. Esto como profesional, como madre o padre te da mucha tranquilidad.

Nosotros venimos con una carga de la historia, de cambios brutales en temas de alimentación, en temas de marketing (nos ha influido la publicidad que recibimos) y llegamos a adultos con muchos problemas de trastornos de conducta alimentaria. Resulta que nos ponemos a criar niños cuando nuestra relación con la comida no es la mejor. ¿Cómo hacemos esto? Porque si nosotros no sabemos hacerlo…

Claro. Una familia que recibe un bebé, que tiene que iniciar la alimentación complementaria y que tiene que poner comida sobre la mesa… la va a poner partiendo de su propia relación con la comida, y como bien decías, la relación de la mayoría de los adultos con la comida es bastante disfuncional. Es bastante disfuncional sobre todo en el plano de la mujer, tenemos una lista que viene casi en el código genético de alimentos que no son “buenos” o que son “malos”. Son alimentos “malos” sobre todo porque engordan, porque “la mujer debe tener un cuerpo pequeño”. Seguimos con esa carga de “está muy bien la barriga mientras estás embarazada”, al segundo día de haber dado a luz es “por favor, esa barriga que desaparezca porque ofende a la vista”. ¡No! Hay cuerpos de todo tipo y el tamaño del cuerpo no define la salud de una persona.

Hay veces que las madres vienen a consulta con hijas adolescentes y el comentario es: “Te la traigo porque mira lo bonita que es, ¿si perdiera 4 o 5 kilos? ¿Tú sabes lo guapa que estaría?”, y ojo, lo mejor de todo es que esa adolescente está y se siente estupenda, ella no siente que tiene que cambiar nada en su cuerpo. A lo mejor lo que tendríamos que ver es la relación de la madre con su propio cuerpo, con el de la hija y esa relación con la comida.

Muchas veces se nos olvida cuando decimos: “los niños son esponjas”. Por ejemplo, si tú estás en la mesa con peques, te traen postre y dices: “¡Ay no! Es que ayer me pasé”. ¿Me pasé de qué? ¿Qué le estás transmitiendo a ese niño? Les estamos continuamente mandando mensajes en torno a esta cultura de vivir a dieta y de vivir castigándonos cuando no tiene ningún sentido.

Da igual el tamaño de tu cuerpo. Hay personas que en el estándar de belleza están dentro y que están muy trastornadas, y que a lo mejor tienen la tensión alta, diabetes o tienen un trastorno de la conducta alimentaria que no es estar sano tampoco.

Creemos que en adultos la delgadez es estar bien, estar sano, estar perfecto. Antes decíamos que con los niños es al revés, tiene que estar gordito porque si no está gordito está desnutrido.

Pero los bebés. Luego los niños a partir de 4-5 años si están gorditos ya no está bien. Hay pediatras que están poniendo a dieta a niños muy pequeños y no tiene ningún sentido. En el momento en el que están aprendiendo a relacionarse con la comida tú estás metiendo ahí un montón de información que no les está viniendo nada bien, empezamos a crear ese caldo de cultivo para:

  • Problemas de autoestima. Le estamos haciendo pensar a ese niño que hay algo en él que no está bien y que necesita cambiar, y necesita cambiarlo a través de la comida.

  • Va a ser un niño que va a estar a dieta toda la vida. Si las dietas funcionasen ya haría muchos años que hubiéramos acabado con el sobrepeso y con la obesidad, pero no funcionan.

Hay algo más, no solamente comida. Cuando una persona tiene un problema, primero, con su físico, lo que hay que ver es cómo está esa autoestima y de dónde viene esa necesidad de cambio. Muchas veces acaba en “me machaco en el gimnasio y paso hambre”, no tiene ningún sentido.

Es una guerra contigo misma/o, levantarte cada mañana y pelear entre lo que me apetece comer, lo que disfruto comiendo y lo que voy a comer porque necesito tener un cuerpo diferente para sentirme bien o para sentirme aceptada/o. Porque si viene desde la salud, por ejemplo, si tienes un peque que es alérgico a los frutos secos, hay un cumpleaños y le dices: “No, tu de esta tarta no puedes comer porque lleva frutos secos y tú eres alérgico”. El mensaje es muy neutral, le damos otra alternativa. Pero decirle a un peque: “no, tu no puedes comer pastel porque estás gordo”. ¡Ostras!

¿Purés o trozos? ¿Qué hacemos aquí? Porque si le damos puré va todo mezclado y si le damos trozos hay que ir con unas pautas, un poco a poco. ¿Qué es lo mejor?

Lo mejor depende de cada familia.

Si con trocitos te refieres a Baby led-Weaning, BLW, método Bliss, etc, nos gusta ponerles etiqueta a las cosas, hacer procedimientos, protocolos… Como decíamos anteriormente, antes les daban a las familias un calendario “a los 4 meses empiezas con esto, a los…”, desde aquí decimos que los calendarios de introducción de alimentos no sirven de nada, solo hay algunas cosas que no podríamos dar hasta determinada edad como pescados grandes azules, vegetales de hoja verde oscura…, pero son contadas.

Nos encanta tener normas y en realidad, ¿qué es mejor? ¿Purés o Baby led-Weaning?

Lo que tienes que enseñar al peque es a gestionar la comida. Yo puedo iniciar la alimentación complementaria con purés, pero lo que debo tener en cuenta es que sobre los 9 meses como muy tarde, ese peque ha tenido que empezar a gestionar trozos en la boca, porque si no luego va a tener problemas y a gestionar trozos se aprende. Pensemos que venimos de tragar líquidos solamente, entonces esa boca se tiene que acostumbrar a masticar, a mover la comida de un lado a otro. Hay que hacer una progresión de texturas, pero no quiere decir que una familia que empiece a los 6 meses con purés lo esté haciendo mal. Lo importante es respetar las señales de hambre y saciedad del peque porque como bien decías, con el puré va todo junto o antes te decían “medio plátano, media pera, zumo de naranja y una galleta maría…”

¿Quién se comía todo eso?

Pues antes había muchos niños que no se levantaban de la mesa hasta que la abuela, la mamá, la tía o quien fuera, había acabado de darle todo el puré.

Para mi lo más importante en la alimentación infantil es la relación que hacemos que los peques establezcan con la comida. Pensemos que, si sentarme a comer con papá y mamá implica bronca, implica que después de comer me siento mal porque he comido por encima de lo que mi organismo me estaba pidiendo, a lo mejor incluso vomito porque mi cuerpo ya me había dicho “para”, pero mi abuela ha decidido que tenía que comer medio plato más y acabo vomitando… Todas esas sensaciones negativas en torno al momento de comer pueden traer muchos problemas después.

De hecho, en adultos una cosa que es muy curiosa, en mujeres adultas, la relación que se establece con la comida tiene mucho que ver con la relación con la mamá. Y tiene todo el sentido del mundo porque nuestro primer alimento es mamá, estamos en el vientre de mamá y saboreamos lo que ella come, después si damos leche materna por su puesto, pero si damos el biberón normalmente también suele ser la madre la que lo da más veces, la que se sienta a comer con el peque (sea porque tiene más tiempo, sea porque es la que asume esa responsabilidad porque es la figura de la mujer o la que cocina en casa) sigue siendo la mamá, entonces, toda nuestra relación con la comida viene un poco dada por la figura materna. Esa relación que genero con mamá a través de la comida también se puede generar un poco disfuncional.

Recuerdo que leí un libro en el que hablaba de las enfermedades de las emociones y en una de ellas trataba de que el tema de los trastornos de conducta alimentaria venía por un mal (que ahora mismo no recuerdo), pero al final era la relación con mamá. Entonces que lo digas es muy importante porque partimos de la base de ¿estamos aprendiendo a gestionar las emociones? ¿No sabemos gestionarlas? Les estamos diciendo a los niños que tienen que saber que es una frustración cuando nosotros no la sabemos, y ahora encima que digamos que la relación con la comida tiene que ver con la emoción que hemos tenido nosotros años atrás… Es para parar, reflexionar y ver que tenemos que hacer porque al final comemos todos los días, y no una, dos ni tres veces…

Esto que decías de obligar a los niños a comer, yo creo que a muchas familias nos ha pasado de decir: “no quiere desayunar o prefiere comer un dulce a acabar el plato”. ¿Ahí que haces? Porque, por ejemplo, yo puedo decir que mi hija por las mañanas según ella no tiene hambre.

Pensemos que nosotros funcionamos por relojes internos, es decir, el gran problema nuestro es que tenemos un horario de vida que nos impone la sociedad. Algunas veces sí que está sincronizado con nuestro biorritmo y otras veces no tiene nada que ver.

A los peques muchas veces los estamos levantando antes de lo que su cuerpo les pide despertar. En una situación natural (fuera de las normas sociales) no pasaría nada porque a lo mejor dentro de hora y media que su cuerpo se ha preparado ya, se ha despertado, pues a lo mejor ya tiene hambre y le apetece desayunar. ¿Cuál es el problema? Que entre semana a la hora y media está en medio de clase y no puede hacer ese desayuno que a ella le apetecería, tiene que esperar hasta la hora del almuerzo y a lo mejor son muchas horas de diferencia entre que ella le apetece comer y puede comer realmente. Entonces, nuestro problema es la falta de sincronización entre lo que necesitamos y lo que tenemos que hacer socialmente.

Yo no obligaría a los peques a comer nunca, pero sí que es verdad que con el tema del desayuno no es cierto que sea la comida más importante del día, porque lo son todas. Cada una tiene su función. Además, la composición es completamente diferente a lo largo del día y completamente diferente según la cultura. Hay sitios en que se desayuna salado y se desayunan, por ejemplo, unas alubias, un huevo y unas salchichas…, y aquí tenemos metido también en el código genético la leche con galletas, con ColaCao…

Cuando a un peque le impones lo que tú consideras que tiene que hacer frente a lo que él siente, estás cortando de base el que él pueda leer las señales de su propio cuerpo. Pierde el control, es decir, no le dejamos que sienta hambre para que coma, le hacemos comer sin hambre. Que no nos extrañe después que cuando sea mayor haya perdido el control sobre el hambre y la saciedad.

Aquí hablamos del hambre, de la saciedad y podríamos sumar la emoción, ¿no? La emoción esa que te hace de repente comer.

El otro día hablaba con una mamá y me decía: “es que para mí la comida es placer y la utilizo cuando tengo una emoción negativa. Cuando estoy mal, con la comida me siento bien otra vez”. Esto lo hacemos todo el mundo sin darnos cuenta. Muchas veces te apetecen cosas y es porque no te estás encontrando del todo bien. Vamos a mirar cuando ha empezado todo esto.

Cuando los niños son muy pequeños a los adultos nos encanta verlos bien porque cuando están enfadados o están llorando nos ponen las cosas difíciles. Entonces es: “no llores, no te quejes, no te enfades, a la gente no le gustan los niños que están enfadados, te pones feo cuando lloras…”. Todas las emociones negativas nos parecen mal y cuando llegamos a la vida adulta no te permites sentir esas emociones. Esto es muy importante porque el “Carpe Diem” que nos han vendido de que tenemos que estar siempre a tope, siempre felices, aprovechar el momento y vivir la vida a tope…, es inviable. Para saber valorar lo que es estar bien, has necesitado estar mal, necesitamos los dos polos. Es como si fuera un péndulo, necesitamos ir moviéndonos de uno a otro para saber gestionarlo.

Cuando un peque está enfadado está bien que esté enfadado, hay que aprender a gestionar ese enfado y hay que darle herramientas para que lo gestione. No puedo gestionar el enfado comiendo dulce.

Incluso al revés, ¿no? Y lo hablamos en el de duelo perinatal: “tienes que estar bien, tira para adelante, ya está, ya pasó…”. Y dices: “No. Que es que tengo ahí algo que está atascado, que necesito sacarlo”.

Tengo derecho a sentirme mal y a enfadarme con el mundo. Además, que el duelo perinatal mueve tantas cosas, a nivel hormonal… Incluso no eres tú misma después de algo así.

¿Por qué no nos acostumbramos también a visibilizar lo que está mal? Y vamos a peor yo creo porque con todo el mundo con redes sociales que solo vemos lo “bonito” de todo el mundo, todo lo “feo” o aquello que no nos gusta y que nos resulta desagradable, cada vez lo estamos ocultando más.

Y sobre todo (espero que nadie lo vea muy tajante) cuando tienes niñas, porque cuando niñas sabes por donde vas a pasar y es muy duro.

Te van a evaluar por tu físico. Antes de preguntar van a crear una ficha de como eres o de quién eres por tu físico y es verdad que sobre todo nos afecta a niñas, esto es así, pero cada vez más, yo cuando hago charlas con adolescentes o cuando vienen adolescentes a consulta, los chicos empiezan a sufrir mucho esto, tienen un modelo de belleza masculina totalmente irreal.

Hace poco hice una crítica sobre cuando veo a una chica fuerte (porque a mí me ha pasado), potenciando su trabajo que es estar en un gimnasio, vende gimnasios, vende preparación física… Y dices: “que buen cuerpo tiene, yo quiero ese cuerpo” ¿Cómo voy a tener ese cuerpo? Si tengo dos hijas, tengo un trabajo… Es que es inviable. Hacen mucho daño. Y su alimentación y tren de vida…, aquí hay que ver también que muchas veces la velocidad que llevamos de vida nos repercute en lo que estamos comiendo.

Totalmente. Pedimos cocinar como se cocinaba antes, con calma, con tranquilidad…, volvemos a lo de antes, las obligaciones sociales que tenemos son muy incompatibles con lo que necesitamos en realidad.

¿Entonces qué hacemos? Porque estamos luchando todo el día.

Sobrevivir. Pasa por entender un poco esta disonancia que hay entre lo que necesito y lo que tengo que, y luego que cada uno también tiene que saber ver sus prioridades, es decir, si para mí, mi prioridad uno es parecerme a una mujer que su trabajo es 100% físico, todo implica que mi vida y mi genética tienen que ser parecidas a la suya. Cada uno tenemos que ver dónde ponemos el listón a nosotros mismos, nos puede facilitar mucho la vida.

Yo trabajo 8 horas, como a las 4 y de prisa, los niños se quedan a comedor en el cole… ¿Los niños comen bien en el comedor? ¿Seguro?

Hay mucha controversia porque yo puedo hablar de un caso en particular que me hace dudar si realmente los menús de comedor los hace alguien que hace el menú para los niños.

Las normas que debe seguir un menú de comedor escolar están recogidas en la guía de comedores escolares de la comunidad autónoma de Aragón y se basa en la guía de la estrategia NAOS que dice la frecuencia de legumbres, fritos, precocinados, etc. Esto es una guía en la que se tienen que basar y que tienen que cumplir esos menús.

Las empresas de restauración colectivas son empresas, y lo que los colegios o la comunidad paga muchas veces a esas empresas no tiene relación entre lo que los padres pagan y lo que repercute a la empresa ni en lo que se paga por ese menú. Entra la materia prima por su puesto, pero entra el gasto de personal, entra suministros, transporte, etc. Entonces, dentro de las posibilidades que hay (y ahora me traslado a cuando yo hacía esos menús para los coles) a una le puede también su profesión y tratas de hacerlo lo mejor posible dentro de las posibilidades que te dan.

Por ejemplo, en los comedores siempre decimos: “es que hay poco pescado fresco”. Ya, pero es que ponerle a un niño de 4, 5, 6 u 8 años sardinas (vamos a olvidarnos del coste, vamos a pensar que no hay problema económico), la gestión de esas espinas… Si un niño se me queda atorado porque se clava una espina en la garganta, ¿quién asume ese riesgo? ¡Ojo! Los niños tienen que aprender a comer pescado con espinas para comerlo después en sus casas, pero en los coles siempre vamos a lo mismo, el riesgo que lo corran en casa.

Te quedas con la cosa de “¿quién ha hecho este menú?”. Para que se entienda, a donde yo voy es que, ¿entiendo que estos menús están hechos por nutricionistas?

No siempre. Deberían. De hecho, si hay empresas de restauración colectiva lo habitual es que tengan un departamento de nutrición con profesionales que supervisan estos menús, pero aunque no tengan empresas de restauración colectiva los menús infantiles deberían estar firmados por un dietista/nutricionista. Nosotros como padres podríamos ir a la escuela infantil o al colegio y pedir quien ha supervisado o quien ha firmado esos menús.

Lo que yo entiendo es que no es solo hacer un menú, sino que tienes que saber para quién haces ese menú. Que no vale para todos.

Hay niños que con dos años están comiendo trozos perfectamente (mastican y gestionan) y habrá otros que a lo mejor no. Si en la escuela saben evaluar en el momento de darles la fruta y de elegir qué le dan a cada niño y el riesgo de atragantamiento que puedan tener, bien, pero sí es verdad que hay que tener en cuenta a quien se le ofrece.

También digo para las familias que nos estén escuchando que el comedor no es un aula en el que se aprende a comer. El comedor surge como respuesta a una necesidad de las familias donde papá y mamá trabajan, no tienen estructura familiar con quien coma el niño y tiene que comer en el cole; pues el cole desarrolla este servicio, pero en el comedor lo que tienen que hacer es que sea un lugar seguro, que no se pinche, que no se corte, que no le haga daño al compañero, que se comporte en la mesa…, eso sí que lo pueden aprender en un comedor (normas de convivencia, normas generales), pero aprender a comer se aprende a comer en casa. Si dejamos al niño en el comedor para que se acostumbre a comer lentejas, por ejemplo, puede que nos salga el “tiro por la culata”, porque las herramientas con las que cuentan muchos monitores y monitoras de comedor no son las apropiadas y la única gestión que tienen algunos monitores y monitoras es la de forzar u obligar (no sales a jugar, etc.).

A mi hija mayor de pequeña como no quería comer le metieron la carne en el yogurt porque tenía que comer y como le gustan los yogures… Recuerdo que le dije: “¿Tú te lo comerías? No. ¿Pues entonces para que se lo das a mi hija?” Parece que con los niños todo vale y más cuando “me has cedido la responsabilidad de la alimentación de tu hijo a mí. Yo hago lo que quiera”

La responsabilidad de un/a monitor/a de comedor no es de que los niños que comen contigo coman, tu responsabilidad es que no se atraganten, que no se hagan daño entre ellos y que respeten unas normas mínimas de comedor. De hecho, no es responsabilidad de los padres que los niños coman tampoco, la única persona que tiene la responsabilidad sobre qué y cuánto come es el propio niño. Podemos calcular calorías y nutrientes que necesita un peque, pero el único que sabe la capacidad que tiene y el único que está sintiendo esas señales que decíamos al principio de hambre y saciedad es el propio peque.

Hay algo que he descubierto en tu perfil de redes sociales que desconocía y que me llamó mucho la atención y es la “Neofobia alimentaria”. ¿Qué es eso?

Si vamos a la traducción literal “Neo” es nuevo y “fobia” es miedo. Es miedo a probar alimentos nuevos. Esto es algo que en una etapa del desarrollo infantil alrededor de los 2-3 años hasta los 6 es normal, es natural. Es decir, los niños se niegan a probar cosas nuevas, les da miedo probar cosas nuevas. Y tiene todo el sentido del mundo, empiezan a ser más independientes, empiezan a explorar el mundo fuera de los brazos de mamá, entonces mamá pierde ese control sobre qué se llevan a la boca. Imaginemos el riesgo que esto supondría si viviésemos fuera de ciudades (si viviésemos en el campo), la naturaleza es tan lista que genera ese miedo y solo comen aquello que conocen.

El problema de la Neofobia es cuando se extiende más allá de los 6 años o cuando afecta de tal forma que tenemos un peque que se enfrenta a un alimento nuevo con estrés, con angustia, con miedo y que esa restricción alimentaria empieza a comprometer su crecimiento y desarrollo, porque la falta de nutrientes y la falta de energía en los primeros años de la vida puede comprometer el desarrollo cognitivo, es decir, no solamente vamos a tener un peque que a lo mejor crece más despacio o que está más apagado, si no que su cerebro no va alcanzar su máximo potencial, no va aprender todo lo que puede aprender.

Esta Neofobia se trabaja desde muchas vertientes porque las causas son muy diferentes. Se ha estudiado si es genética, si es ambiental, etc. Si que hay muchos peques que por ejemplo tienen alergias, tienen patologías asociadas a la alimentación o han tenido intervenciones médicas importantes mientras han sido pequeños y desarrollan este miedo a probar cosas nuevas.

Puede haber factores genéticos. Se ha observado que sobre todo en mujeres hay cierta correlación con factores genéticos, es decir, de familias que ha habido este patrón de niño “mal comedor” que no quiere probar cosas nuevas y que se extiende en las generaciones siguientes.

También pueden ser por problemas de desarrollo. Hay muchos niños con problemas de desarrollo por problemas cognitivos, problemas del habla, por ejemplo, un niño que vive un episodio de atragantamiento, o que vive un episodio desagradable en torno a una comida, puede hacer que genere una Neofobia a todo aquello que se parezca a ese alimento. El problema es cuando tenemos un niño que se acerca la hora de comer y ya adelanta o anticipa esa emoción y se pone muy nervioso, entra en defensiva o empieza a llorar, se provocan el vómito a veces. Entonces, las familias necesitan muchos recursos para aprender a gestionar estos momentos y darle la oportunidad a ese peque de que amplíe su abanico de alimentos aceptados.

¿Crees que esta neofobia desencadena en un trastorno de conducta alimentaria cuando eres mayor?

Es en sí mismo un trastorno de conducta alimentaria. El DSM-5 que es el catálogo que utilizan en psicología para diagnosticar enfermedades y problemas mentales, la Neofobia está englobada dentro de los trastornos de conducta alimentaria. En sí mismo cuando salimos de esa etapa ya es un trastorno de conducta alimentaria.

Si nos encontramos un adolescente, por ejemplo, que no quiere probar cosas nuevas o que restringe determinados alimentos, la gran diferencia entre la Neofobia y por ejemplo, puede ser un TCA (Trastornos de Conducta Alimentaria) como anorexia o bulimia, en el caso de la anorexia o bulimia, lo más claro es que hay una distorsión de la percepción de la imagen corporal y en la Neofobia no, y además, la Neofobia suele estar en el entorno visual, es decir, es un peque que solo con ver lo que tiene delante ya desencadena esa respuesta, no lo ha probado, no se lo ha llevado a la boca, ni siquiera lo ha tocado. Es dominio visual. Y en los trastornos de conducta alimentaria como anorexia y bulimia pueden ser alimentos que ya ha consumido hasta ese momento sin ningún problema, pero hay un detonante, que alguien le ha dicho: “los hidratos de carbono engordan un montón”, y todo lo que entienda que contiene hidratos de carbono lo restringe.

Y en cuanto a la Neofobia infantil sí. ¿Cómo podemos ver que hay ese patrón? O, ¿cómo abordar esos momentos?

Lo que hemos dicho, va a haber un periodo de tiempo que todos y de hecho si le preguntas a los padres el 50% siempre dicen que sus hijos comen mal en algún momento del desarrollo. Si estamos en ese periodo en el que entendemos que es normal (que sería hasta los 6 años) y rechaza cosas nuevas o cosas de color verde (sobre todo frutas y verduras).

Por eso te digo, porque suele pasar, que las verduras nos las quiere.

Pero los chocolates o la bollería sí. Pues si es ese patrón poca preocupación. Ahí iríamos a hábitos, a ver un poco como se desenvuelve la familia en los momentos alrededor de la comida. Ahora, si tengo un peque que ya ha despuntado en algún momento en alguna revisión con el pediatra o en algún hito del desarrollo no alcanzado a la edad que debiera y que encima nos encontramos en la diversificación alimentaria que es esta alimentación complementaria que empezamos a presentarle cosas nuevas, y lo vemos que se agobia muchísimo, es decir, que el peque lo está pasando muy mal. Imaginemos un adulto que tiene fobia a las arañas, no las puede ver ni en foto, pues a este peque se lo estamos poniendo en vivo, delante en un plato, está muy agobiado, lo está pasando muy mal y condiciona mucho la vida de la familia. Habría que hacer una valoración profesional.

Volvamos a la figura materna, las mamás en estos casos lo pasan fatal porque además se plantean si han hecho algo mal. Cuando les dices “nunca lo obligues, si está agobiado apártalo de esa situación y que se relaje” y dicen: “con la de tiempo que llevo diciéndole que no se levanta de la mesa hasta que…”, entonces, cargan con una culpa… Ayudarlas a gestionar aquí sí que sería desde el plano de la psicología, desde la terapia psicológica, terapia familiar suelen necesitar muchos también, porque a veces la visión de papá y la visión de mamá o la visión incluso del resto de cuidadores tiene distorsión, cada uno lo enfoca de una manera y hay conflictos entre los adultos. Luego hay veces que se necesita también logopedia porque pueden tener otro tipo de problemas orofaciales que hagan que no quiera probar determinadas cosas porque no sabe gestionarlas.

Y aquí sí que me gustaría puntualizar una cosa y es el “no mentir”. Si un peque pregunta: “¿Qué es? ¿Qué hay para comer?”, no hace falta ponérselo bonito, adornado… Creo que también será uno de los factores por los que pueden empezar a entrar estos problemas, ¿no? Por la mentira, porque luego se dan cuenta y porque evidentemente no son “tontos”, saben que eso no es lo que les estás diciendo.

Hay muchos patrones de alimentación infantil. Están los niños que son “quisquillosos” o los niños que son reticentes a comer, éstos, aunque les mezcles lo nuevo o lo que no quieren comer con otros alimentos y no lo vean, en cuanto lo detectan rechazan el plato. Los “neofóbicos” no. Imagínate un niño que está muy acostumbrado a comer pure de color naranja, pero no ha probado el pescado y le da miedo comer pescado, si tú en ese puré metes pescado se lo va a comer, porque hemos dicho que la Neofobia parte del terreno visual, si no lo veo no está ahí y si no está ahí no me da miedo.

¿Y qué deberíamos hacer? ¿Hacerlo?

No, no tienen por qué. Se trabaja dependiendo del caso porque como he dicho, son patrones muy diferentes. Por ejemplo, si es un peque en el que peligra el aporte nutricional sí que podríamos utilizar este tipo de estrategias y la vez iremos trabajando en la educación nutricional del peque. Muchas veces tienen hipersensibilidad táctil, es decir, tocan determinadas cosas y pueden ser estos niños que desde pequeñitos se pringan las manos con tierra y es un caos, o niños que juegan siempre a ordenar de mayor a menor, que no soportan que este juguete esté de una forma que no es como ellos lo han dejado… Son personalidades, al fin y al cabo.

Y tenemos que conocerlas. Porque, además, en el programa anterior estábamos hablando del PAS, de las Personas Altamente Sensibles. Esa sensibilidad que tenemos y que no hay nada más como conocer.

Conocer porque eso se trabaja desde pequeños, es decir, que aprendan a tolerar esas texturas. De hecho, se hace con niños más mayores que tienen estos problemas de aversiones a texturas. Volvemos atrás, empezamos a trabajar las texturas desde lo más lejos de la boca que es donde queremos que acabe el alimento, pero se empieza a trabajar por los pies, una vez que empiezan a tolerar esa textura, esa sensación en pies, poco a poco pasamos a las manos… Al final hay que trabajar con todo el cuerpo y si las familias tienen herramientas y conocen esto, puede facilitarles la transición a los peques también.

Te tengo que dar gracias infinitas por toda la información que nos has dado, es tan valioso lo que nos has contado. La cadena que hemos montado hoy de alimento, emoción, familia, todo ese proceso que no solo se queda en el azúcar. Hemos estado con un repertorio grande de información muy valiosa que nos lleva a:

  • Hacer una reflexión de, qué relación tenemos con la comida

  • Qué relación estamos creando de nuestros hijos con la comida. Sobre todo, también, que veamos esas emociones y que busquemos ayuda, que es que no tenemos por qué saberlo todo y que fustigarnos no nos lleva a ningún lado.

Nada, cero culpas y lo único pues eso, buscar a alguien que nos acompañe en este proceso y que esté ahí para resolver dudas y para darnos herramientas.

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