Como os he dicho más veces, el cuerpo es una máquina perfecta, y la verdad me resulta increíble conocer y entender cómo funcionan ciertos mecanismos de nuestro cuerpo, y si hablamos de lactancia materna, todavía más.

Hay dos hormonas que son “las reinas” de la lactancia, la prolactina y la oxitocina.

La prolactina

Es una hormona secretada por la hipófisis anterior, durante el embarazo aumentan los niveles, y ya comienza la producción de leche. Tras el parto, los niveles aumentan todavía más, dentro de la cascada hormonal que tiene lugar en el cuerpo materno.

La función de la prolactina es la síntesis y producción de la leche materna. Cada vez que el bebé mama, aumenta la prolactina (en niveles entre 10-20 veces más altos) esto consigue, que a la vez que se produce la toma, el cuerpo comience a sintetizar más leche y se asegure la producción. Los niveles altos de prolactina, tras la toma, pueden durar aproximadamente una hora.

Y como os podéis imaginar, cuanto más larga sea la toma, mayores serán los niveles de prolactina.

Los niveles de prolactina, también varían a lo largo del día, y es por la noche, cuando alcanzan las mayores cifras. Por eso, puede que haya oído hablar, de la importancia de las tomas nocturnas, para asegurar la producción de leche.

La oxitocina

Por otro lado, tenemos la oxitocina, que se segrega en la hipófisis posterior. Su función es que los alveolos (las células que recubren los reservorios de leche materna) se contraigan, y la leche pase a los conductos galactóforos y al pezón. Este momento de “la salida de la leche” lo llamamos reflejo de eyección.

La oxitocina se produce en gran parte por la estimulación del pezón cuando el bebé realiza el reflejo de búsqueda y comienza la succión. Pero también se puede activar por el llanto del bebé, el olor, el tacto, y por eso muchas madres refieren notar que sale algo de leche en estas situaciones, sin necesidad de que el bebé comience a mamar.

Esta hormona, no sólo se centra en la salida de la leche, además tiene la capacidad de aumentar la temperatura de las mamas, y proporciona calor al recién nacido. También reduce el estrés materno, hace que la madre se encuentre más tranquila y disminuye la tensión arterial materna. Además, se le considera la hormona del vínculo, que mantiene a mamá y bebé conectados, ¿no os parece increíble?

A estas dos hormonas, para acabar de cerrar el círculo de la regulación y producción de leche materna, tenemos que sumarle el FIL (factor de inhibidor de la lactancia), pero esto nos da para otro post, ¿lo conoces?

Marta Espartosa

Enfermera pediátrica

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